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9 DE CADA 10 PERSONAS CUIDADORAS ESTÁN EN LA INFORMALIDAD

Trabajo doméstico

Crédito: Annuska Ahuja en Pexels

Las mujeres son, principalmente, quienes sostienen la economía del cuidado a terceros como trabajadoras informales que operan en circuitos económicos que cobran en efectivo, y el sistema formal no ha sabido incorporarlas al ámbito financiero como sujetos de pleno derecho, consideró Adrián Escamilla Trejo, colaborador del Programa Universitario de Estudios sobre Democracia, Justicia y Sociedad de la UNAM,

La Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo del INEGI indica que en las últimas dos décadas las mujeres dedican cuatro horas y 49 minutos diarios de su tiempo al trabajo doméstico no remunerado; los hombres, dos horas y siete minutos, puntualizó el investigador al participar en el seminario permanente de Justicia Fiscal desde la informalidad y la desigualdad, del Instituto de Investigaciones Jurídicas (IIJ) de la Máxima Casa de Estudios.

 

“No es algo trivial porque al acumularlo a lo largo de un año representa aproximadamente 900 horas adicionales de labor invisible que aportan sin contratación económica, en lo que suele llamarse la doble o triple jornada.”

El INEGI estima que el valor económico del trabajo doméstico y de cuidado no remunerado equivale de 22 a 24 por ciento del producto interno bruto; es decir, es mayor que el aporte del sector manufacturero del país.


El doctor en Economía por la UNAM enfatizó que la actividad de cuidados la realizan primordialmente mujeres , y su invisibilización no es un defecto cultural o accidente histórico, sino una condición que permite que funcione el modelo de acumulación que sostiene a la sociedad.

 

“Cuando se proporciona a terceros es remunerado, pero tampoco escapa a baja valoración, pues 90 por ciento de quienes lo realizan están en la informalidad, sin acceso a prestaciones de ley y vulnerables al despido”,  agregó al ofrecer la conferencia “La dimensión estructural del trabajo de cuidados remunerado y no remunerado en México”.

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Prefieren cobrar en efectivo, no emiten recibos fiscales, carecen de cuenta bancaria y nunca han sido incorporadas al sistema financiero como sujetos de pleno derecho.

Recordó que en México los actores que deberían proveer el cuidado a niñas, niños, adultos mayores o con capacidades especiales son el Estado, el mercado (empresas), las organizaciones civiles y los hogares; estos últimos tienen la mayor carga y dentro de ellos las mujeres lo hacen de manera gratuita o severamente subpagada.

Cobrar en efectivo es una reacción a la exclusión, porque no tienen incentivos para darse de alta financieramente, además de que las diferencias condicionantes de sus patrones les impiden exigir sus derechos.

En México existe una mayor confianza social en esa forma de pago porque responde a las necesidades de quienes no son reconocidos. Reorientarla es un problema de justicia estructural y requiere reconstruir las condiciones laborales para las mayorías.

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