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Del CCH Sur a Lituania: estudiante representará a México en la Olimpiada Internacional de Biología 2026

Por: UNAM Global

Fascinada por los temas científicos y por el trabajo de los investigadores desde su niñez, María José Espinosa Hernández, estudiante del sexto semestre del Colegio de Ciencias y Humanidades Sur, comenzó a imaginar cómo sería dedicarse algún día a la ciencia y formar parte de ese mundo que tanto admiraba.

Esa curiosidad pronto dejó de ser solo una inquietud personal y se transformó en participación en competencias académicas, como una forma de poner a prueba lo que iba aprendiendo y seguir alimentando su interés.

Cuando ingresó al CCH Sur encontró el espacio ideal para desarrollar esa vocación. Desde sus primeros semestres comenzó a involucrarse en talleres, proyectos y actividades extracurriculares relacionadas con la ciencia. Dentro de este proceso, un punto de inflexión llegó con un proyecto de investigación realizado junto al profesor Pavel Castillo Urueta.

Gracias a este trabajo obtuvo el primer lugar en Expociencia 2025 y una mención honorífica en una Feria de Ciencias, logros que fortalecieron su confianza y consolidaron su interés por la investigación científica.

El primer paso hacia Lituania

Posteriormente, su profesora de Biología, Enriqueta González Cervantes, le habló sobre la posibilidad de participar en la Olimpiada Nacional de Biología, organizada por la Academia Mexicana de Ciencias (AMC). Aunque la invitación llegó apenas una semana antes del primer examen de selección, decidió intentarlo sin muchas expectativas, apoyándose en todo el conocimiento acumulado en su trayectoria previa.

“Accedí a entrar y después dije ‘Dios mío, ¿qué hice?’. Honestamente, lo que permitió superar esa primera etapa fue todo lo que había aprendido en las actividades en las que participé anteriormente. Incluso logré responder una pregunta gracias a una cápsula de divulgación científica de 31 minutos”, confesó Marijo.

Después de ese primer examen, logró clasificar a la Olimpiada Capitalina de Biología, realizada el 1 de marzo de 2025. La experiencia fue desafiante: el examen duró aproximadamente tres horas y, al salir, sintió que no había tenido un buen desempeño.

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“Me senté al lado de mi mamá y le dije: ‘yo creo que no vamos a lograr nada’. No es realista conseguir algo aquí”, recordó. Sin embargo, semanas después recibió una gran sorpresa: había obtenido medalla de plata.

Cimentando las bases para algo grande

Ese resultado le permitió ingresar al entrenamiento para la Olimpiada Nacional de Biología de la Ciudad de México, coordinado por el doctor Moisés Óscar Fiesco Roa, delegado de la Olimpiada de Biología por la Ciudad de México ante la Academia Mexicana de Ciencias, profesor de genética médica en la Facultad de Medicina de la UNAM e investigador en el Instituto Nacional de Pediatría.

Durante ocho meses, María José y otros estudiantes recibieron clases y prácticas intensivas en distintas áreas de la biología. El nivel de exigencia fue alto: genética, botánica, microbiología, fisiología vegetal, embriología y evolución fueron parte de los temas abordados, incluso con materiales de nivel universitario y médico.

Más allá del rigor académico, ese periodo también redefinió su relación con la biología. Las evaluaciones constantes y los procesos de selección hicieron del entrenamiento una experiencia exigente, pero también formativa a nivel humano.

Aunque se trataba de una competencia, los estudiantes compartían la misma pasión por aprender, lo que generó un fuerte sentido de comunidad y amistad.

Lituania: ¡allá vamos!

El esfuerzo rindió frutos. María José fue seleccionada como una de las representantes de la Ciudad de México para asistir a la Olimpiada Nacional de Biología 2025, realizada en Oaxaca del 10 al 13 de noviembre en la Universidad Autónoma “Benito Juárez”.

Más allá del ámbito académico, esta etapa representó una experiencia personal significativa, ya que fue una de las primeras veces que viajaba fuera de la Ciudad de México.

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En esta fase, el reto aumentó. Además de un examen teórico, tuvo que enfrentar cuatro prácticas, siendo una de las más complejas un ejercicio de genética con Drosophila, pequeñas moscas de la fruta, utilizadas en investigación científica. En esta prueba, los estudiantes debían trabajar con rapidez, usar microscopios, registrar datos y resolver problemas experimentales bajo presión.

A pesar de la dificultad, María José obtuvo la medalla de oro. Este resultado le abrió la puerta a la siguiente etapa: los entrenamientos para seleccionar a la delegación mexicana que participará en la Olimpiada Internacional de Biología y en la Olimpiada Iberoamericana de Biología.

Los entrenamientos nacionales se realizaron en distintos estados del país, incluyendo Nuevo León y Baja California. Además de la preparación académica, la convivencia con jóvenes de todo México fortaleció aún más su motivación por la biología.

“Después de nuevas evaluaciones y eliminatorias, María José consiguió, junto con otros tres compañeros, uno de los lugares para representar a México en la Olimpiada Internacional de Biología, con una de las puntuaciones más altas”, contó Fiesco Roa.

Sobre la competencia

La Olimpiada Internacional de Biología 2026 (IBO, por sus siglas en inglés) es una competencia científica anual dirigida a estudiantes de educación media superior menores de 20 años que aún no han ingresado a la universidad. Participan más de 300 jóvenes de 70 u 80 países, y se realiza cada año en julio con una duración aproximada de una semana.

Las pruebas son consideradas entre las más exigentes del mundo en nivel preuniversitario. Incluyen exámenes teóricos y prácticos en áreas como biología celular, genética, evolución, ecología, microbiología, anatomía y fisiología animal y vegetal, etología y biosistemática. Las evaluaciones prácticas implican técnicas de laboratorio, análisis de muestras y resolución de problemas científicos complejos.

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Aunque en su mente está la posibilidad de obtener una medalla, María José reconoce que esta experiencia va mucho más allá del resultado competitivo. Su principal objetivo es conocer estudiantes de otros países, intercambiar conocimientos y generar vínculos que puedan convertirse en futuras colaboraciones científicas.

En ese sentido, el doctor Moisés Fiesco destacó que participar en este tipo de competencias internacionales es una oportunidad real para cualquier estudiante con interés y disciplina. Señaló que los retos pueden parecer lejanos, pero con compromiso es posible desarrollarse en estos espacios académicos.

Por ello, invitó a los estudiantes a atreverse a participar, buscar herramientas que fortalezcan su aprendizaje y aprovechar estas experiencias como una inversión tanto profesional como personal.

El futuro de Marijo

Aunque le gustaría estudiar en el extranjero, especialmente en Países Bajos, María José tiene claro que desea contribuir al desarrollo científico de México, como una forma de agradecer el apoyo recibido del CCH Sur y los profesores que creyeron en ella.

Hoy, con mayor seguridad, reconoce que durante mucho tiempo dudó de sí misma, pero aprendió a enfrentar los retos sin miedo. Aspira a estudiar Medicina Veterinaria y continuar por un camino en el que pueda seguir explorando nuevas experiencias sin temor a intentarlo.

Porque, aunque el camino ha sido difícil, cansado y estresante, no haberlo intentado habría sido peor. Para ella, participar, equivocarse, aprender y atreverse siempre valdrá más que quedarse con la duda de lo que pudo haber sido. Y en Lituania, buscará demostrarlo una vez más.