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Desafíos de las vacunas COVID-19, una carrera contra el tiempo

Jorge Baruch Díaz Ramírez

Hasta el momento se han propuesto más de 240 candidatas a vacunas contra la COVID-19. Para su desarrollo deben transitar por las etapas preclínica y clínica de investigación durante las que se genera conocimiento sobre su estabilidad, la interacción de las nuevas moléculas con los seres vivos, la dosis necesaria para promover una respuesta inmune sin provocar efectos adversos, seguridad, capacidad de generar inmunidad y eficacia para combatir la enfermedad a gran escala.

Existen diferentes tipos de vacunas en desarrollo, el grupo con el mayor número de candidatas es el de vacunas con base en proteínas, en segundo lugar las que emplean otros virus o vectores, seguidas de las creadas a partir del material genético y finalmente las hechas de virus inactivados o vivos atenuados.

Las vacunas de proteínas tienen como mecanismo el estimular a las células del sistema inmunitario inyectando, directamente, partes del virus en nuestro cuerpo con la intención de que las células las identifiquen y generen una respuesta protectora. La vacuna más destacada de este grupo es la de Novavax que consta de un esquema de vacunación de dos dosis y que iniciará en el mes de octubre sus estudios clínicos de fase tres.

Las vacunas creadas con base en otros virus o vectores son aquellas que incorporan partes del SARS-CoV-2, coronavirus que causa la COVID-19, en otros virus. Por ejemplo el adenovirus que al inyectarse estimulan las células de nuestro sistema inmune. Estos adenovirus, conocidos como vectores, pueden tener la capacidad de infectar a las células y multiplicarse para poder detonar una respuesta enérgica y protectora o pueden estar limitados en su capacidad para replicarse, y por lo tanto, sólo funcionar como vehículos presentadores del nuevo coronavirus. En este grupo se encuentran las vacunas más avanzadas de la fase tres de investigación: la ASD1222 de la Universidad de Oxford/AstraZeneca que inició en mayo; la Ad26 de Janssen, en septiembre; y la Sputnik V de Rusia, pendiente por iniciar. Durante esta fase se espera que cumplan con el objetivo de reclutar entre 30 mil y hasta 60 mil participantes voluntarios por vacuna.

Otro grupo de vacunas muy novedoso parte del principio de  inyectar material genético del coronavirus, con el objetivo de que nuestras células lo lean y produzcan las proteínas virales características del SARS-CoV-2, para que sean capturadas por las células inmunológicas que promoverán una respuesta protectora. Ejemplos de estas vacunas son la de Moderna y la de Pfizer, ambas comenzaron sus estudios fase tres en julio y consiste en aplicar dos dosis de vacuna con una separación de 28 días entre la primera y el refuerzo.

Debido a la gran rapidez con la que ha transcurrido el desarrollo de vacunas contra la COVID-19, varios expertos alrededor del mundo sugieren que existe una menor probabilidad de éxito para que las candidatas superen la fase tres de investigación. El principal reto radica en obtener vacunas que por lo menos confieran una reducción del riesgo del 50 por ciento en algún elemento de la pandemia como mortalidad, hospitalizaciones o contagios.

Algunos científicos han estimado que, el período con mayor probabilidad para que una vacuna sea aprobada para su aplicación a gran escala, sería entre los meses de enero y septiembre del 2021, siendo la primera mitad del año la de mayor posibilidad.

De acuerdo con la Coalición para el Acceso a Vacunas contra la COVID-19 (COVAX), una vez aprobada la primera vacuna se multiplicarán los esfuerzos para acelerar la producción de dosis, con la finalidad de fabricar decenas de millones de dosis requeridas para asegurar un esquema de dos dosis para el 30 por ciento de la población. En un inicio estaría dirigida a cubrir tres grupos prioritarios: personal sanitario, adultos mayores de 65 años y adultos con enfermedades de riesgo para desarrollar complicaciones.

Varios modelos matemáticos sugieren que estos grupos estarían alcanzando una cobertura de vacunación óptima a partir de la segunda mitad del 2021 y hasta la segunda mitad del 2022. Dichos modelos pueden variar de región en región y son por completo dependientes del nivel de aceptación que tengan las poblaciones para vacunarse, la proporción de población que por indecisión no quiera vacunarse o desestime la importancia de las vacunas para combatir de forma segura y efectiva un problema de salud pública, como lo es la COVID-19.

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