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Desarrollan modelo de intervención epidemiológica para mantener la actividad económica

Instituto de Tecnología de Georgia / Traducción: Mtra. Brenda Terrazas

La pandemia de COVID-19 ha precipitado una crisis mundial, con más de un millón 430 mil casos confirmados y más de 85 mil muertes confirmadas en todo el mundo, contados desde el 9 de abril de 2020.

La mitigación y la supresión de nuevas infecciones han surgido como las dos estrategias predominantes de control de la salud pública. Ambas estrategias se centran en reducir las nuevas infecciones limitando las interacciones entre humanos, pero son social y económicamente insostenibles a largo plazo.

Científicos de la Facultad de Ciencias Biológicas del Instituto de Tecnología de Georgia, han desarrollado y analizado un modelo de intervención epidemiológica que aprovecha las pruebas serológicas para identificar y desplegar individuos recuperados, su presunta inmunidad podría permitir sustituir de manera segura a otras personas susceptibles en las áreas de alto riesgo, desarrollando lo que llaman “inmunidad de escudo” a escala poblacional.

El nuevo modelo del comportamiento del virus sugiere que una estrategia de intervención basada en la inmunidad del escudo podría reducir el riesgo de contagio y permitir los niveles más altos de interacción humana, interacción necesaria para respaldar la expansión de la actividad económica. El número de personas infectadas por el nuevo coronavirus es probablemente mucho mayor de lo que se ha informado oficialmente, y eso podría ser una buena noticia para los esfuerzos por utilizar su presunta inmunidad y proteger a la comunidad en general.

Sin embargo, hay dos advertencias importantes para la estrategia. El primero es que la duración de la inmunidad a la reinfección por SARS-CoV-2 sigue siendo desconocida; sin embargo, los individuos que sobrevivieron a infecciones virales relacionadas (SARS) tuvieron anticuerpos persistentes durante aproximadamente dos años, y aquellos que sobrevivieron a la infección por MERS tuvieron evidencia de inmunidad durante aproximadamente tres años. El segundo problema es que determinar a gran escala quién tiene anticuerpos que puedan protegerlos del coronavirus requerirá un nivel de pruebas serológicas confiables que aún no están disponibles en los Estados Unidos.

“Nuestro modelo describe las formas en que las pruebas serológicas utilizadas para identificar a las personas que han sido infectadas y recuperadas de COVID-19 podrían ayudar a reducir la transmisión futura y fomentar un mayor compromiso económico”, dijo Joshua S. Weitz, profesor de la Facultad de Ciencias Biológicas y fundador director del doctorado interdisciplinario en Biociencias Cuantitativas en el Instituto de Tecnología de Georgia. “La idea es pensar de antemano sobre cómo identificar a los individuos recuperados que podrían ayudar a servir al bien colectivo, utilizando la información recopilada sobre anticuerpos neutralizantes de nuevas maneras”.

El estudio fue publicado en Nature Medicine por un equipo de investigadores de Georgia Tech, la Universidad de Princeton y la Universidad de McMaster. Los investigadores estudiaron los posibles impactos de la presunta inmunidad entre las personas recuperadas utilizando un modelo computacional de la dinámica epidemiológica de COVID-19, basándose en un marco SEIR (susceptible-expuesto-infeccioso-recuperado).

En una población de 10 millones de ciudadanos, por ejemplo, el modelo predice que, en el peor de los casos, la implementación de una estrategia de protección intermedia podría ayudar a reducir las muertes de 71,000 a 58,000; mientras que un plan de protección mejorado podría reducir las muertes de 71,000 a 20,000. El modelo también sugiere que la protección podría mejorar los efectos de las estrategias de distanciamiento social que pueden permanecer vigentes una vez que se reanuden los niveles más altos de actividad económica.

La identificación de individuos que tienen anticuerpos protectores contra el nuevo coronavirus ha comenzado recientemente. Las pruebas de anticuerpos no son 100% específicas, lo que implica que las pruebas pueden conducir a falsos positivos. Sin embargo, el uso dirigido de pruebas de anticuerpos en grupos con exposición elevada conducirá a aumentos en el valor predictivo positivo, incluso con pruebas imperfectas. La prueba de anticuerpos serológicos difiere de la prueba generalizada de reacción en cadena de polimerasa (PCR) que se realiza para determinar si las personas están infectadas activamente con el virus.

Entre los profesionales de la salud, las pruebas serológicas podrían identificar individuos recuperados que podrían interactuar con pacientes con una preocupación reducida por la infección. Otros individuos recuperados podrían usarse para ayudar a reducir el riesgo de transmisión en hogares de ancianos, la industria de servicios de alimentos, servicios médicos de emergencia, supermercados, tiendas minoristas y otras operaciones esenciales. En toda la sociedad, el número relativamente pequeño de personas con inmunidad podría sustituir a las personas cuyo estado de inmunidad se desconoce; reduciendo el riesgo de transmisión tanto para individuos recuperados como para aquellos que no han desarrollado inmunidad.

“Queremos pensar en la serología como una intervención”, dijo Weitz. “Descubrir quién es inmune al coronavirus podría marcar una gran diferencia al tratar de reducir el riesgo para las personas que serían vulnerables al interactuar con alguien que podría transmitir la enfermedad”.

Debido a que muchas infecciones no producen los síntomas distintivos de COVID-19, es probable que muchas personas se hayan recuperado de la enfermedad sin saber que la han tenido, lo que podría expandir el grupo de personas recuperadas.

Pero el uso de información de anticuerpos sobre las personas crearía posibles problemas de privacidad y requeriría que esas personas tomen decisiones informadas sobre la aceptación de riesgos adicionales para el bien de la comunidad.

“Lo que dice este modelo es que si pudiéramos identificar a las personas que son inmunes, existe la posibilidad de que algunas personas no tengan que reducir su nivel de interacción con otros porque esa interacción sería menos riesgosa. En lugar de tratar de seguir reduciendo las interacciones, lo cual es útil para reducir la transmisión pero malo para la economía del país, podríamos mantener las interacciones mientras reducimos el riesgo, combinado con otros enfoques de mitigación”.

En última instancia, abordar la pandemia requerirá el desarrollo y la producción en masa de una vacuna que podría aumentar los niveles de inmunidad más allá del 60% en la población general. Hasta que eso esté disponible, Weitz cree que la inmunidad escudo podría convertirse en parte de la solución.

“No tenemos una bala de plata”, dijo. “Hasta que tengamos una vacuna, tendremos que usar una combinación de estrategias para controlar el COVID-19, y la inmunidad de escudo es potencialmente una de ellas”.

Fuente: Instituto de Tecnología de Georgia

Artículo: Weitz, JS, Beckett, SJ, Coenen, A.R. et al. Modeling shield immunity to reduce COVID-19 epidemic spread. Nat Med (2020). https://doi.org/10.1038/s41591-020-0895-3