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Enfermedades extraordinarias requieren soluciones extraordinarias

Teniendo en cuenta la rápida propagación del coronavirus y su tasa de mortalidad, que supera a la epidemia de gripe de 1918-19, se necesita urgentemente una vacuna.

Biblioteca Nacional de Medicina de EE. UU. / Traducción: Mtra. Brenda Terrazas

El mundo está experimentando una gran pandemia con una alta mortalidad. Uno puede esperar que el brote termine espontáneamente después de que la mayoría de las personas estén infectadas, pero el coronavirus SARS-CoV-2 puede volverse endémico y continuar causando ciclos de enfermedades respiratorias y neumonías fatales. Una vacuna que demuestra inmunidad es la única forma práctica de evitar que el virus continúe causando enfermedades graves y, a menudo, fatales y destrucción económica. Desarrollar una y distribuir una vacuna eficaz lo más rápido posible es un imperativo moral para el mundo.

El desarrollo de vacunas suele ser un proceso largo, que requiere años para pasar de las pruebas en animales a una serie de ensayos en humanos para obtener la licencia reglamentaria. La seguridad de una vacuna debe ser confirmada por un extenso trabajo con animales, seguido de la inoculación de docenas de humanos y luego aumentando a miles. La demostración de eficacia normalmente depende de la recopilación y comparación de casos en miles de individuos que reciben vacunas o placebo al azar. Ese proceso normalmente lleva meses o años, durante el cual el SARS-CoV-2 infectará y posiblemente matará a millones. La aceleración de ese proceso estándar es necesaria.

Sin embargo, el reconocimiento de que nuevos virus continúan emergiendo y causan enfermedades en los seres humanos, que a menudo conduce a enfermedades epidémicas, ha estimulado a los desarrolladores de vacunas a repensar el camino habitual de desarrollo. Por ejemplo, este camino se acortó en el caso del brote de ébola en África occidental al comparar la enfermedad en dos regiones, en una de las cuales se había distribuido la vacuna. Ese proceso permitió demostrar la eficacia en 10 meses desde los primeros ensayos clínicos. Otros, proponen obtener datos preliminares de seguridad y eficacia en voluntarios humanos para acelerar el uso de una vacuna eficaz.

Teniendo en cuenta la rápida propagación del coronavirus y su tasa de mortalidad, que supera a la epidemia de gripe de 1918-19, se necesita urgentemente una vacuna.

Se han propuesto múltiples candidatos y muchos están en ensayos clínicos, pero la pregunta sigue siendo si el uso de emergencia de una vacuna contra el SARS-CoV-2 debe esperar la recolección de datos controlados de grandes poblaciones que están experimentando la enfermedad epidémica del SARS-2 o si se debe acelerar la vacunación a través de estudios en animales y haciendo estudios de desafío humano en voluntarios, donde infectan a las personas con el virus para probar la eficacia de la vacuna.

Los estudios de desafío con voluntarios humanos se han realizado previamente con varios agentes, dando información importante. Por supuesto, tales estudios ponen a los voluntarios en riesgo de enfermedad y muerte y se han producido muertes en estudios de drogas. La ética de tales ensayos, así como su aceptabilidad por parte de los reguladores como un paso hacia el uso de emergencia de una vacuna candidata son los más importantes y requieren una discusión inmediata.

En el caso de la infección por SARS-CoV-2, un estudio de desafío podría aprovechar la menor tasa de mortalidad en los jóvenes de 18 a 29 años. En ese grupo de edad en China, la tasa de mortalidad fue de 0.03%, no insignificante pero relativamente poco común. Sin embargo, un estudio de desafío requeriría controles que no recibieran ninguna vacuna y que pudieran enfermarse.

Se están probando posibles tratamientos de rescate, como remdesivir, transfusión de suero convaleciente y otras modalidades que podrían usarse en caso de una enfermedad grave después de la exposición, o administrarse tan pronto como se confirme la positividad del virus.

Moralmente, esos voluntarios tendrían que estar libres de coerción de cualquier tipo y su consentimiento revalidado por los comités de ética de investigación. Los voluntarios pueden incluir a aquellos que tienen un alto riesgo de exposición al virus en el curso normal de su trabajo. Aun así, a pesar del peligro, creemos que es ético pedir voluntarios que estén informados sobre los riesgos conocidos y desconocidos. Serían cuidadosamente seleccionados por su comprensión de los riesgos de muerte y discapacidad.

Mientras tanto, tomará algunas semanas preparar un grupo de desafío y verificar modalidades de tratamiento como antivirales y anticuerpos. La disponibilidad de investigadores de primer nivel en instalaciones médicas sería esencial para la aceptabilidad de estos estudios de desafío.

El primer paso en un estudio de desafío sería administrar el virus a voluntarios que tengan evidencia serológica de infección previa. Ese paso determinaría si las respuestas inmunes son protectoras y proporcionaría información sobre qué respuestas inmunes son importantes. Los estudios posteriores incluirían vacunados y controles seronegativos.

Los desafíos se realizarían primero con dosis bajas para determinar la dosis infecciosa mínima. El análisis de las respuestas inmunitarias en los vacunados que resisten la infección proporcionaría información importante sobre los correlatos de protección, lo que permitiría emitir juicios sobre la probable eficacia de las vacunas desarrolladas posteriormente.

La producción de un virus de desafío en condiciones de Buenas Prácticas de Manufactura llevará tiempo y los estudios de desafío no deben realizarse antes de que haya un acuerdo entre los reguladores y el especialista en ética.

Fuente: Plotkin SA, Caplan A. Extraordinary diseases require extraordinary solutions. Vaccine. 2020;38 (24):39873988. doi:10.1016/j.vaccine.2020.04.039