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Suecia y el coronavirus

María Cristina Rosas

mcrosas@unam.mx

Profesora e investigadora en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.

Suecia es un país altamente desarrollado que se distingue en la comunidad internacional por la calidad de vida de la población, la existencia de un estado del bienestar financiado a través de una considerable carga tributaria, y una política exterior de neutralidad que le ha permitido maniobrar en las relaciones internacionales con singular destreza. Ello no exenta a sus autoridades de cometer pifias y errores, como ha sido el caso de la estrategia emprendida frente al SARSCoV2, agente causal del COVID-19. El gobierno sueco pensó que el aislamiento al que normalmente está expuesta la población, incluyendo a los ancianos, era una barrera natural contra la enfermedad. También vislumbró que la progresión de los contagios permitiría que las personas generaran anticuerpos y produjera la tan citada inmunidad de rebaño. Desafortunadamente no fue así, y al no aplicar medidas decisivas, el territorio escandinavo se convirtió en el país más golpeado en la región, por la pandemia.

Suecia tiene una población de 10 348 730 habitantes.[1] Con un producto interno bruto (PIB) de 563 882 billones de dólares, es la 39ª economía a nivel mundial y posee un ingreso per cápita de 54 628 dólares -medido en términos del poder adquisitivo. Suecia ocupa la 8ª posición en los índices de desarrollo humano del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) con un desarrollo muy alto. Figura en el 8° lugar -en un listado de 141 países- en el índice de competitividad global del Foro Económico Mundial correspondiente a 2020.[2] En el índice de libertad económica de la Fundación Heritage, Suecia se encuentra en la 22ª posición.[3] En el índice de percepción de corrupción de Transparency International, Suecia se ubicó en el 4° lugar entre 198 países en 2019.[4] En el índice de paz global de 2020, el país nórdico está en el 15° lugar en un listado de 163 países.[5]

 

Como se explicaba Suecia tiene una población de 10 348 730 habitantes, en un territorio de 450 295 kilómetros cuadrados. La densidad demográfica es de 23 habitantes por kilómetro cuadrado. A mediados del siglo pasado, Suecia era un país étnicamente muy homogéneo. Sin embargo, la inmigración ha contribuido a modificar el perfil demográfico, de manera que una cuarta parte de sus habitantes son inmigrantes o nacidos en otros países.

Contrario a lo que se piensa, el sistema de seguridad social de Suecia, está más orientado a posibilitar que las mujeres, si tienen hijos, permanezcan en el mercado laboral, promoviendo igualmente la equidad de género. El país premia a los padres de los bebés con generosas licencias por maternidad y paternidad. Aun así, en 2018, la tasa de fertilidad promedio fue de 1. 76 hijos por mujer y entre los suecos de 1. 67.[6] Lejos está, todavía de la tasa de reemplazo demográfico del 2. 1 por ciento.

Así, la pirámide demográfica es estrecha en la base. Alrededor del 20 por ciento de la población tiene 65 o más años. Esta cifra se incrementará al 23 por ciento hacia 2040. La esperanza de vida en Suecia es una de las más altas a nivel mundial. Como se observa en el gráfico 3, la esperanza de vida promedio era de 82. 55 años en 2018, 81 para los hombres y 84 para las mujeres. El 5. 2 por ciento de la población tiene 80 o más años. El énfasis puesto por parte de las autoridades en el bienestar de ese grupo de edad ha llevado a que sus necesidades de cuidados especiales se hayan reducido desde la década de los 80 del siglo pasado.[7]

Texto completo: https://www.etcetera.com.mx/opinion/suecia-y-el-coronavirus/